MONTECITO (El derrumbe mexicano)

Actualizado: nov 21

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Por Mario López*


Alfredo López Austin es un destacado historiador e investigador que ha mostrado desde siempre su carácter formal, serio, potente. Profesor de la Facultad de Filosofía y Letras así como investigador emérito del Instituto de Investigaciones Antropológicas ambas por la Universidad Nacional Autónoma de México.


El año pasado presentó un breve texto haciendo alusión de dos cosas: por un lado abordando el Día de la Raza y por otro la referencia histórica a la petición desde la presidencia de pedir perdón a los pueblos originarios, Sí ya un año pidiendo.


(https://www.jornada.com.mx/2019/10/14/correo) “No hay perdón para regímenes coloniales”. Así se llama el documento, de una manera muy sencilla en la publicación periódica, en la contraportada, de una forma muy discreta. Pero con contundencia y energía, con definición absoluta sobre el evento que conmueve y molesta, enferma e irradia falta de atención.


Los actuales espacios de ignominia para los pueblos originarios no son los mismos. No hay por qué solicitarles pedir perdón a representantes de estados nacionales (España y El Vaticano) por actos que no les son propios hoy (https://elpais.com/mexico/2020-10-10/lopez-obrador-reitera-en-una-carta-al-papa-que-la-iglesia-pida-perdon-por-los-abusos-de-la-conquista.html).


Sí hay “dos entes”, no un choque, menos un encuentro (file:///D:/Carpetas%20de%20Usuario/Desktop/Mario/1771-Texto%20del%20art%C3%ADculo-1858-1-10-20110526.PDF) porque ni siquiera es reconocido hasta 15 años después en 1507, cuando se entiende que lo que luego llamamos América era una masa continental.


Lo que viene después es un acto de colonización. Guerra y exterminio, devastación y muerte, sometimiento y marginación que, como lo menciona el mismo López Austin, continúa, la mentalidad colonial quedó injertada en el país.


“Yo, mexicano, no perdono al México racista que ha prolonga-do por dos siglos la injusta situación heredada del colonialismo hispano”.


Con un gancho directo al corazón del movimiento whitexican y todas sus variantes, defensores de derechas apolilladas, de estadios que desean conservar feudos de poder y riqueza mal habidos desde épocas ancestrales, de morenos creyéndose güeros, de mexicanos enfundados en ultras confabulando contra las propias personas del color de la tierra (https://www.ersilias.com/somos-el-color-de-la-tierra-discurso-del-subcomandante-marcos-pronunciado-en-el-zocalo-de-la-ciudad-de-mexico-el-11-de-marzo-de-2001/ ).


Los que defienden la visión colonial, blanca, occidental, el paneurocentrismo, con pretenciones de pertenencia del otro inalcanzable caucásico, anglosajón. Están aquí, siempre conviviendo con los nuestros, confundiéndose, infiltrándose.


Ni perdón ni olvido. Es un lugar común, pero sigue siendo una postura inamovible. Ante un escenario de devastación, marginalidad y lleno de miseria, de desprecio y sumisión, de desgracia y pobreza histórica.


La mentalidad colonial insertada de manera infecta ha hecho estragos desde la aparición de la República. Solo por el hecho de pertenecer al mestizaje se ha conservado. La tenemos aquí, convive con nosotros, está en nuestras familias, no la detenemos, la dejamos hablar. Odia el color de la tierra, necesita de reconocimiento.


Recién llega una nota: el Director de la revista Proceso durante casi 21 años, Rafael Rodríguez Castañeda recibió la presea John Reed a la trayectoria periodística por 55 años de ejercer el oficio.


Y Rodríguez Castañeda lanza una fría declaración. ‘Veo un país enfermo, triste, acongojado, sin salida, en donde prevalece un individualismo feroz y donde las diferencias económicas, sociales y aun ideológicas se hacen cada día más agudas y enconadas”.(https://www.proceso.com.mx/653497/rafael-rodriguez-castaneda-recibe-la-presea-john-reed-por-trayectoria-periodistica?fbclid=IwAR3L_Z-57F4C7ong_sSDsS-4YborAcE3iU1U4UxC5u5ltuo58tsutR1SYbo ).


“México, tan lejos de dios…” es una historia de certezas del mal augurio, es un páramo de entre mala suerte y venido a menos… es un trapiche en el que se ha convertido por falta de amor a los nuestros. Por falta de visión de futuro, nos hemos convertido en contempladores de un pasado de sucesiones de oligarquías que siempre tienen la marca del abuso y desprecio por el otro…


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